Imagen básica
   
Cuando diariamente se generan situaciones en las que cada persona se posiciona de forma automática donde ella misma considera frente a otra, al margen de jerarquías laborales y profesionales, influye en gran medida el aspecto visual, la imagen externa que ella recibe a primera vista, algo que puede mantener perfectamente una relación con la personalidad superficial de ésta, así como el modo que ella seleccionará para tratarla inicialmente, no obstante, dicha imagen prematura nos proporciona una información relevante, pero que nunca nos va a definir el grupo genérico al que ésta pertenezca,
una imagen, aunque vinculada, distinta a la que posteriormente se genera tras entablar conversación, o simplemente al observar en la distancia el comportamiento de una persona, exisistiendo así dos tipos de imagen básica:


Imagen inicial básica (IIB):

Se trata de la situación en la que dos personas desconocidas se encuentran por primera vez y éstas, de forma instintiva y automática generan una imagen de la otra que condicionará en gran medida el modo en el que ambas se comportarán, tanto inicialmente, como en el futuro.

La imagen inicial basica siempre la definen aspectos físicos y visuales, que podríamos dividir en dos partes muy diferenciadas, por un lado características, es decir, altura, complexión y belleza, y por otro lado caracterizaciones, elecciones personales en cuanto a peinado, corte de pelo, forma de vestir, etc.


Las características:

Las características de una persona nos hablarán sobre la hipotética seguridad o inseguridad de ésta en referencia a la existencia, o no, de rasgos específicos, es decir, en casos en los que a simple vista se muestra una característica que socialmente ha sido etiquetada, en muchas ocasiones de forma injusta o cruel, como desagradable, inferior, fea, defectuosa, etc. podamos intuir el contexto de esa persona y crear una hipótesis sobre su personalidad a partir de ello, del mismo modo que lo hacemos de forma inversa, con etiquetas sociales más atractivas. Por lo tanto, podemos diferenciar claramente entre rasgos específicos favorables, desfavorables y neutros, nos vamos a referir a esto como código global.



Las caracterizaciones:

Las caracterizaciones van a comenzar a ofrecer información más extendida referente a esa persona en cuestión, nos hablan sobre cosas tan determinantes como su posible estilo de vida, su posición social, o su capacidad para comprender su entorno, información que asociamos a un posible comportamiento, y a partir de ello, decidimos actuar de un modo u otro.


El comportamiento a partir de la IIB:

Este comportamiento lo generamos mediante la interpretación del código global en el momento de conocer visualmente las características de una persona y nuestra propia reacción involuntaria debido a la percepción personal de sus caracterizaciones.

Posteriormente desarrollamos nuevas actitudes a medida que vamos conociendo nuevos aspectos de la persona, cuando comenzamos a hablar con ella, a conocer sus expresiones y mecanismos verbales, entonces generamos una nueva imagen de ella a la que llamamos imagen general básica.




Imagen general básica (IGB):

S
e trata de la imagen que generamos de cada persona una vez conocemos su comportamiento y ubicamos su actitud en la jerarquía social. Esta imagen viene definida por nuestra propia percepción en cuanto a su postura y su forma de expresarse, manteniendo un vínculo directo con la relación que decidimos o podemos tener con ella.

Cuando vemos que una persona dispone de cualidades como la agilidad mental, la creatividad, seguridad en ella misma, capacidad de influencia y muchas otras que nos resultan atractivas, más allá de las visuales, automáticamente consideramos que merece nuestro respeto y nos dirigimos a ella de una manera muy distinta a como lo haríamos frente a otras que nos transmitieran indiferencia, debilidad, o por ejemplo, inseguridad. Lo utilizamos para seleccionar nuestro comportamiento y la manera de tratarla de un modo muy relevante, representando la imagen general básica de manera permanente sobre ella en ese momento.

Dicha imagen general puede variar con el tiempo, dependiendo de futuras interacciones, pero siempre estará marcada por la IIB y por la primera vez que catalogamos a esta persona, a partir de criterios más concretos, como los explicados anteriormente. Pese a esta situación, sí que es posible y habitual que, por ejemplo, a una persona que habíamos valorado de manera positiva, en el futuro cambiemos nuestro parecer y nuestra percepción sobre su comportamiento, viéndola de otra manera, esto puede suceder por varios motivos, puede ser que con el tiempo obviemos sus cualidades, y dejen de resultarnos tan atractivas, que descubramos nuevas características que transformen nuestra valoración, haciéndonos sentir una especie de frustración personal, o simplemente puede influir el hecho de movernos por nuevas situaciones que impliquen conocer a personas de similar valor, reajustando nuestro criterio. Esto tambíen puede suceder de manera contraria, es decir, valorando a una persona de forma negativa y posteriormente cambiando nuestra opinión.

Lo esencial y mas curioso es que independientemente de estas variaciones, en realidad el peso de las opiniones iniciales es muy superior, por lo que a pesar de estos cambios, nos resultaría relativamente sencillo, 
a partir de futuros acontecimientos, volver a valorar a dicha persona de un modo similar al que nos pareció al conocerla.




Explicaciones:

Es sencillo darse cuenta de que son dos grandes puntos de inflexión en cuanto a una relación entre dos personas, los primeros instantes en los que una de ellas entra en contacto visual con la otra, y el momento en el que ésta decide "etiquetarla" definitivamente.

Esta última situación es comprensible, existe un proceso de análisis y una posible interacción mutua para llegar a esa conclusión, pero en cuanto a la IIB, resulta más complejo comprender la importancia y el peso de tan pocos segundos y lo mucho que condicionarán en cuanto a la relación, de forma permanente en el futuro, ya que, a partir de ese momento aplicamos nuestras emociones y sensaciones iniciales en la elaboración de esa posterior IGB, es curioso, pero pese a que esa persona, más tarde pueda sufrir transformaciones o incluso cambiar su aspecto físico, es muy probable que continuemos aplicando dichas sensaciones inicales en la relación que experimentemos con ella. En el caso de que dicha persona sufra unos cambios físicos realmente drásticos, hablaríamos de una situación bastante singular, pero no poco habitual, que nos llevaría a realizar una reconstrucción de nuestra valoración, es decir, sentiríamos que estamos conociendo a una nueva persona. Es sorprendente pero es así, le damos mucha importancia a todo lo visual, hasta el punto de alterar una identidad.

Es importante recalcar que nos estamos refiriendo a las condiciones que sentimos en el momento de tratar con una persona de manera directa, y cómo valorarla en cuanto a decidir nuestro comportamiento, el hecho de que estemos protagonizando de este modo las características físicas, no quiere decir que las cualidades de esta persona se releguen a un segundo plano, al contrario, en realidad socialmente son de mayor peso para crear una valoración general sobre ella, sin embargo, esto sin duda, nos obliga a reflexionar sobre la importancia inconsciente que le damos a la imagen, es decir, en especial a todo aquello que vemos por primera vez, provocando un estímulo, se queda grabado dentro nuestro, generando emociones que condicionan las actitudes que exteriorizamos de forma perpetua, puede sorprender, parecernos mejor o peor, más o menos justo, pero esto lo hacemos sin darnos cuenta, independientemente al tipo de perfil que seamos, lo hacemos siguiendo un código muy concreto.



Código Global:


La sociedad utiliza distintos códigos para interpretar conceptos y entenderse entre sí con la principal motivación de generar pensamientos universales para simplificar sus relaciones. Las personas del grupo A, por ejemplo, son unas grandes expertas en el manejo y el desarrollo de sus propios códigos internos, pero el código global tiene una relación directa con la imagen inicial básica que recibimos de cada persona, y es aplicable para cada uno de nosotros sin excepción.

Dentro del código global se diferencian distintas interpretaciones de los rasgos específicos de cada persona, divididas entre rasgos específicos favorables, desfavorables y neutros.

Lo que vamos a comentar a continuación es un aspecto interesante debido a que se trata de reacciones que todos tenemos, e hipótesis que creamos en décimas de segundo para disponernos a actuar de determinadas maneras, algo realmente asombroso dada la velocidad con la que tramitamos toda esa información. Lo hacemos todos indistintamente al grupo al que pertenezcamos, es más, pese a que reaccionamos de formas diversas, debido obviamente, en este caso sí, al grupo al que pertenecemos, todos compartimos por norma general la interpretación de las siguientes situaciones mediante el código global que hemos generado en la sociedad respecto a esto, es uno de los pocos códigos que absolutamente todos los grupos comparten, por eso resulta tan curioso.

- En el caso de las personas que nos propocionan información relacionada con rasgos específicos favorables, crearemos una hipótesis sobre un comportamiento activo y que posiblemente nos pueda causar una posible amenaza, o en su defecto atracción. Nos daremos cuenta de que esta situación nos hará estar alerta de todo, pensar muy bien como actuar, y lo que mostraremos ante ellas, reprimiendo o preparando nuestros actos.

- Las personas con rasgos específicos desfavorables nos harán interpretar, lógicamente, debilidad y sumisión por su parte, seguramente sintamos la sensación de que nosotras somos quienes controlamos el entorno, y la opinión de esa otra persona no será de tanto peso como lo podría ser la de alguien con rasgos favorables, esto hará que nos sintamos más relajadas, pudiendo hacer o decir delante suyo cualquier cosa sin preocuparnos por su presencia.

- Y en el caso de las personas con rasgos neutros, en realidad no nos aportarán aparentemente ninguna información referente a su hipotético comportamiento, así que en este caso, nos dejaremos llevar, en cuanto a la creación de hipotesis sobre su personalidad, por la relación que exista entre sus rasgos neutros más evidentes, como forma de los ojos, cejas, altura, etc, y el recuerdo que nosotros guardemos de situaciones en las que nos hayamos encontrado frente a otras personas con rasgos similares, una interpretación que, puede parecer muy poco objetiva, pero que sin embargo siempre la repetimos sin excepción. En este caso, si no llegamos a conclusiones claras, por precaución, inicialmente nos compotaremos de un modo similar a como lo haríamos con las personas de rasgos positivos.


¿Son efectivas las veloces hipótesis que generamos?

Es todo un tema a parte que desde luego también deberíamos aislar para tratar de forma independiente, dado que parece ser que sí, existe relación en muchas ocasiones entre ciertas caracteristicas o rasgos físicos de una persona y ciertos comportamientos en concreto, y sí, también parece ser que la mayoría de veces acertamos en cuanto a nuestro pronóstico, no obstante, si nos olvidamos de la acción instintiva de generar una hipótesis, que es de lo que trata el código global, y nos centramos solo en la efectividad de dicha acción, evidentemente sí, existen matices dependiendo del grupo al que pertenezcamos que llevan a las personas a ser más o menos acertadas en estos casos.


 
    
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